
Desconozco el porqué del encanto de este aparato, tan poco proporcionado, pero siempre me gustó.Su débil armamento unido a su frágil silueta no hicieron de el un caza temible, pero siempre fue seguro, sin vicios de gubernabilidad y con su amplio tren de aterrizaje, ofrecía una plataforma muy segura para aterrizar. La cabina abierta, la ausencia de blindaje, depósitos sin autosellante, no son atrasos, pues aviones más modernos tampoco los llevaban. Aun así, el 510 siempre parecerá un avión de leyenda, y esta versión de la Guerra Chino-japonesa más.